BAHÍA BLANCA. Pasión por las vías: el grupo de bahienses que lleva más de 10 años recorriendo el país en zorra

Con el objetivo de defender su fuente laboral y de generar conciencia sobre la importancia del ferrocarril, la Asociación Ferroviaria Los Catangos sigue viajando de pueblo en pueblo

El pasado mes se cumplieron once años de la primera travesía de este grupo de bahienses ferroviarios amantes de lo que hacen. Desde aquella aventura en una zorra de vía que tras recorrer más de 1.000 kilómetros los depositó en Talcahuano, Chile, la Asociación Ferroviaria Los Catangos acumula 25.000 km de viajes repartidos en todos estos años, con excepción del 2010, por provincias y pueblos tanto del norte como del sur del país.

 En su mayoría bahienses y ferroviarios, de entre 40 y 60 años, los “catangos” han viajado en este antiguo medio de transporte utilizado para movilizar obreros por las vías del ferrocarril de a tres, de a ocho y hasta de a catorce.

   Entre sus viajes, que suelen durar entre una semana y veinte días y han desandado de punta a punta la provincia de Buenos Aires, destacan aquellos que más lejos los llevaron: a Talcahuano (Chile), Esquel, Córdoba, San Juan y Tucumán.

   “Hacemos un trabajo social, en cada viaje vamos recorriendo escuelas rurales y les llevamos tizas, borradores y banderas de ceremonia. Cuando preguntamos a las escuelas qué es lo que más necesitan, siempre nos dicen esas dos primeras cosas, y el deterioro de las banderas lo notamos nosotros, por suerte el Consorcio de Gestión del Puerto históricamente nos ha provisto de las mismas”, contó Iván Juárez, uno de los miembros históricos del grupo.

   Las travesías, que pueden costar hasta 40 mil pesos, son sustentadas con dinero propio de los viajantes, aunque a veces la Municipalidad colabora con los gastos de combustible y reciben ciertas donaciones en el camino.

   Eso sí, si bien a veces gastan días de sus vacaciones para realizar los viajes, la mayoría de las ocasiones logran un acuerdo con la empresa para la cual trabajan, dado que además del fin social de recorrer las escuelas rurales, actúan como representantes de la firma brindando charlas de seguridad vial y ferroviaria.

Consultado por si se trata de un hobbie, Juárez aclara que más que eso, las travesías “se tratan de defender el trabajo, despertar conciencia de la necesidad del ferrocarril, que hizo grande a este país. A medida que el tren fue avanzando se fueron creando los pueblos”.

   Con respecto a la importancia del mismo, y al reciente cierre de la empresa Ferrobaires, con lo que ello implica para decenas de pueblos de la provincia, el maquinista de Ferrosur expresó que “todo era y es evitable, lo que pasa es que hay un problema, la Argentina en el rubro transporte no tiene un horizonte. Cada Gobierno que llega dice vamos para acá, vamos para allá, pero ¿qué es ir siempre hacia el mismo horizonte? Es mantener locomotoras, vagones, vías, y eso hoy no lo tenemos”.

   “Recién en la época del ministro Randazzo se hizo un plan maestro de ferrocarriles, y este Gobierno lo está siguiendo, pero los ferroviarios creemos que va muy lento. Si en el 1800 y el 1900 a pico y pala, a caballo y burro hicieron 45.000 kilómetros de vías, ¿cómo puede ser que con la tecnología que hay hoy nosotros no podamos hacer ni 100 km de vías? Algo anda mal”, analizó Juárez.

   Mientras que el último viaje realizado consistió en Bahía-Saavedra-Puan-Carhué, realizado a fines del 2017, el próximo está previsto para mayo o junio a más tardar. “Estamos esperando que se solucione el conflicto de las escuelas, los paros y todo eso. Porque nuestro principal objetivo es pasar por cada escuela rural del camino, así que salir y no encontrar a los chicos en clase no tendría sentido. Para este viaje tenemos planeado hacer Bahía-Saavedra-Suárez-Lamadrid-Bolívar-Daireaux, volvemos un tramo y continuamos por Olavarría-Crotto-Tapalqué-Alvear-Saladillo-Cazón.


Entre cruces y estaciones

   La zorra, apodada “La Brujilda”, tiene un motor diseñado en 1890 y fabricado en 1940 en la Argentina, de dos tiempos y refrigerado por agua. Cuenta con un termosifón ya que es muy antigua para poseer electroventilador. Lleva nafta y aceite, se le da cuerda a manija, no tiene burro y la transmisión es una cinta que le da tracción a un eje trasero a medida que lo va tensando.

   Mide 1,80 x 1,60m, posee asientos pero no techo, por lo que se viaja a la intemperie. Su velocidad promedio es de entre 20 y 25 km/h, con un máximo de 30. Los expedicionarios la tienen en comodato, ya que pertenece a Ferroexpreso Pampeano, y las de su tipo se siguen usando aún por algunos ferrocarriles, para el traslado de las cuadrillas.

   “En invierno tenés que ir bien abrigado, porque salimos a las 7 u 8 de la mañana y a la intemperie pega el frío. Como dependemos de que nos den permisos de circulación por la vía y de los cruces con otros trenes, tenemos que salir lo más temprano posible. Solemos viajar hasta las 19 o 20 hs, dependiendo de si tenemos alguna escuela en el camino o la gente del pueblo nos quiere saludar”, comentó Juárez.

 

Gratas sorpresas y sabores del camino

   Según cuenta Iván Juárez, el viaje en zorra de vía te permite, dada su lentitud, disfrutar del paisaje más de lo normal, tomar mates con amigos y, en más de una oportunidad, comer torta que los amables vecinos del camino les van regalando.

   “Nos han pasado cosas muy insólitas, nosotros avisando con tiempo que vamos a pasar por tal ciudad, pueblo, escuela o estación y, además del seguimiento que vamos haciendo por nuestro Facebook (Travesía ferroviaria y solidaria) la gente de los pueblos se entera mucho por la radio de nuestra presencia”, contó.

   “A raíz de eso hemos vivido situaciones de lo más gratificantes, que te hablan de la pasión por el ferrocarril y de lo que genera la zorra, porque no se trata de nosotros, se trata de ella. Nos ha esperado mucha gente, en distintas oportunidades, con mate, con tortas, con comidas típicas de su provincia”, manifestó Juárez.

   “Una vez nos interceptó un periodista 25 minutos antes de llegar a Tres Arroyos, se subió con nosotros y fue transmitiendo en vivo. Cuando llegamos nos estaban esperando 300 personas y entre ellas, un matrimonio de abuelos que nos dieron una bolsa y nos dijeron ‘esto es para ustedes’. Había un paquete de galletitas Express, uno de Desayuno, uno de Diversión y dos latitas de paté. Esas cosas son impagables, nos decíamos ‘mirá lo que la gente está haciendo por nosotros’”, recordó.

   “Otra de las anécdotas más ricas se dio en el viaje a Tucumán. Cerca de Las Rosas y Villa María, llegamos a una estación y nos mostraron a un señor muy particular. Nos dijeron ‘este es el jefe de la estación, lo echaron cuando cerró y se quedó acá’. Entrabas a la estación y tenía el libro abierto con el día en que se había cerrado el ferrocarril, el almanaque con ese mismo día y todo listo por si le decían que habilitará la estación. Todas las mañanas salía a controlar que las señales estuvieran bien. La estación había cerrado hacía 20 años, esas cosas te hablan de la pasión del ferroviario”, destacó el maquinista.

El grupo

   Miembros actuales de Los Catangos: Oscar Ervín, Mauricio Gutiérrez, Iván Juárez, Jorge Martín, Gustavo Mastrocolla, Gustavo Menecozzi, Humberto Nocelli y Mario Saravia.

Fueron parte

   Desde el primer viaje (2007) a la actualidad, también formaron parte de las travesías: Franco Juárez Acherielli, Marcos Navarrete, Carina Orange, Rosa García, Horacio Hofender, César Guillén y Horacio Herbosommer.


Fuente: www.lanueva.com